— El Ibérico Hastiado

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16 junio 2013 Archivo mensual

Publicado por El Magazine el día 16 de junio de 2013, y escrito por el médico y filósofo español Diego Gracia Guillén

Los términos, como no podía ser de otro modo, tienen su “vigencia”. Unos la pierden y otros la ganan. En los años de la transición española cobró inusitada vigencia el término “consenso”. Se apelaba a él como al bálsamo de Fierabrás que todo lo cura. En él descansó buena parte del llamado “espíritu de la transición”. Poco a poco, durante el gobierno de Felipe González, fue perdiendo espacio a la vez que lo ganaba otro de signo muy distinto, el de “corrupción”. Aún recuerdo lo difícil que resultaba durante el primer gobierno de Felipe González convencer a los altos cargos del Ministerio de Sanidad de la importancia de la ética. Consideraban que eso era cosa del pasado, algo que desprendía un cierto tufillo a sacristía y que había muerto con el régimen de Franco. Ahora teníamos la Constitución, con su larga lista de Derechos fundamentales. ¿Para qué más? Había que enterrar la ética y enseñar a los jóvenes Constitución y Derechos fundamentales.

Diego Gracia Guillén Diego Gracia Guillén

Cuando, durante su segundo mandato, el tema de la corrupción política comenzó a ser preocupante, aquellos mismos que antes veían la ética con recelo empezaron a pensar que quizá tenía un espacio propio, difícil de sustituir. Los bandazos que de entonces acá ha ido dando la ética en los distintos planes de enseñanza secundaria, demuestran bien que, en cualquier caso, ni los gobernantes de entonces, ni tampoco los de ahora, saben bien de qué va esto de la ética. Algo imperdonable en quienes dicen representar la voluntad del pueblo y proteger el bien común.

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