— El Ibérico Hastiado

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7 septiembre 2013 Archivo mensual

Publicado por El Pais el 24/6/2013 y escrito por Hector E. Schamis.

Para algunas expresiones de la nueva izquierda latinoamericana, más o menos “populistas”, la agenda redistributiva y progresista debe avanzar a expensas del liberalismo. En esta versión, el liberalismo no es más que una ideología a desenmascarar, el credo de la derecha, los poderosos y el capitalismo internacional. El debate en la región se basa entonces en un razonamiento falaz, que reduce y por ende distorsiona el fenómeno en cuestión. Si esto transcurriera sólo en los claustros, no importaría demasiado. Lo grave es que con esta falacia estos gobiernos hacen política, deteriorando las instituciones republicanas y la legalidad democrática. Ironía suprema, de este modo también afectan los derechos de las mismas clases populares que dicen representar.

Hector E. Schamis Hector E. Schamis

Es muy cierto que el liberalismo enuncia postulados teóricos (o ideológicos, si se prefiere) que dan sustento al libre mercado, la iniciativa individual y la propiedad privada—el esqueleto del sistema capitalista. Pero una lectura parcial y sesgada omite que el liberalismo además es la matriz del constitucionalismo, el principio que establece la separación de poderes y los mecanismos que lo regulan y reproducen. La singularidad del estado liberal reside en la idea que las personas tienen derechos fundamentales, y esos derechos están protegidos sólo si el uso del poder público está restringido a priori, o sea, dividido y limitado por normas relativamente estables.

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Publicado por LibertadDigital el 7/9/2013 y escrito por Soriano Domingo ( @SorianoDomingo )

Aunque viendo su actual prosperidad pueda parecer sorprendente, hace dos décadas la situación económica de Suecia no era demasiado envidiable. Las finanzas públicas estaban al límite y aparecía en el horizonte una importante amenaza demográfica, con una generación que empezaba a ver cerca su retiro (en 15-20 años) sin un reemplazo laboral claro.

Ante esta perspectiva, los grandes partidos iniciaron crearon una comisión, formada por técnicos más o menos alejados de la política, que hiciese una propuesta de reforma del sistema nacional de pensiones. No fue sencillo llegar a un acuerdo. De hecho, los primeros pasos en esta dirección se dieron en 1984 y la reforma se aprobó en el Parlamento en 1994 (para más información, Johannes Hagen, de la Universidad de Uppsala, ha publicado este mismo año un completísimo relato de todo el proceso).

Soriano Domingo Soriano Domingo

Finalmente, Suecia se convirtió en el primer país europeo que acometía un cambio radical de su sistema de prestaciones de jubilación. ¿Las claves?: igualar contribuciones y prestaciones, asegurar el equilibrio financiero del modelo de reparto y, sobre todo, abrir la puerta a un sistema de capitalización individual dentro del sistema público.

Mientras, en España, en los últimos años, se han sucedido las reformas. PP y PSOE se refugian en el Pacto de Toledo para aprobar cambios que reducirán la prestación de las futuras pensiones: endurecimiento de las condiciones de acceso, nuevos índices para la revalorización,… Todo se hace en nombre de la sostenibilidad de un sistema tan “sostenible” que hay que ajustar cada poco tiempo para que no quiebre.

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